Entre los años 1888 y 1891 el East End (zona Este) de Londres fue el escenario de algunos de los asesinatos más brutales jamás cometidos, los cuales aún permanecen sin resolver.

Estos crímenes tenían algo en común: todas las víctimas eran prostitutas, todos ocurrieron relativamente cerca uno del otro (en las zonas de Whitechapel, Aldgate, Spitafields y la Ciudad de Londres, exactamente), y se presume que todos fueron realizados por el mismo hombre. Aunque la identidad de dicho individuo ha intrigado a historiadores y expertos desde hace un poco más de un siglo, aún permanece sin ser descubierta, lo que le ha valido el titulo como el asesino serial (de identidad desconocida) más infame de todos: Jack El Destripador.

Desafortunadamente, al haber sido Whitechapel el epicentro de estos terribles asesinatos, vivir en o cerca de esa zona durante la época de Jack El Destripador tiene que haber sido realmente atemorizante: el estar constantemente mirando por encima del hombro mientras caminabas por las calles durante la noche, o que cualquier sujeto que caminara cerca te pareciera sospechoso,… es muy difícil si quiera imaginar lo terrorífico que tiene que haber sido vivir en Whitechapel sabiendo que Jack El Destripador podría estar a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, en esa época Whitechapel tenía otras preocupaciones además de Jack El Destripador. Vamos a descubrirlas:

Una breve mirada al Londres Victoriano: Este versus Oeste.

A finales del siglo XIX, Londres era la ciudad capital más grande del mundo y el centro del imperio británico, la Reina Victoria ya tenía en el trono más de 50 años, y el entonces famoso estilo de vida victoriano estaba en pleno apogeo.

Para el año 1888 la zona oeste de Londres (West End) estaba atravesando una renovación masiva con la construcción de nuevos anfiteatros y salones musicales, y con restaurantes y hoteles que aparecían prácticamente en cada esquina. Por otro lado, visitar la zona Este era como estar en una ciudad completamente distinta, una realidad completamente alejada de los sofisticados vecindarios de Chelsea, Westminter o Marylebone.

Desde Aldgate y Spitafields hasta el Mile End, Whitechapel era considerada la peor zona del East End de Londres, una zona roja para cualquiera que viviera en otro vecindario.

Y esto antes de que apareciera Jack El Destripador,...

Whitechapel durante la era victoriana

A finales de la década de 1800, alrededor de 900.000 personas residían en el East End de Londres y al menos 250.000 de ellos vivían en Whitechapel. La zona estaba completamente sobrepoblada, el crimen abundaba, y las condiciones sanitarias, de trabajo y de vida para los que vivían en la zona eran realmente terribles (eso, por decir poco).

Las calles, carreteras, y patios de Whitechapel solo eran iluminados por una lámpara de gas que no lograba reducir la oscuridad del lugar. Las ovejas y el ganado solían ser arreados por el medio de la calle, dejando una hilera de excremento a lo largo del camino. Además, las aguas negras de las residencias iban a parar directamente a la calle generando un olor insoportable que se extendía a lo largo y ancho del barrio.

Muchos de los residentes eran inmigrantes extranjeros con muy poco dinero o educación, que solían trabajar por horas con la esperanza de poder comer algo al final del día. Si tenían algo de suerte, conseguían trabajo en los muelles y el que no, tendría que trabajar en las tiendas o fábricas en las que los días se hacían más largos, el trabajo era más duro y la paga mucho más baja.

La vida en las zonas más pobres de Whitechapel

Aunque algunas de las zonas de Whitechapel estaban relativamente libres de crimen y eran habitadas por ciudadanos respetuosos de la ley, no se puede negar que los barrios más marginales eran unas de las peores zonas de la ciudad. Alrededor de 15.000 residentes de Whitechapel no tenían ni hogar ni empleo, y el poco dinero que tenían lo utilizaban para ahogar sus penas en alguno de los innumerables bares de la zona.

Además de la pobreza y los altos índices de criminalidad, los barrios marginales de Whitechapel estaban tan sobrepoblados que aproximadamente 2 de cada 3 familias tenían que vivir hacinadas en una pequeña habitación, solo porque no podían pagar el alquiler en un lugar más digno. Eso en el mejor de los casos, ya que habían otras familias menos “afortunadas” que vivían en grandes habitaciones de hasta 80 personas, pagando alrededor de 4 peniques por una cama o 2 peniques por tener la posibilidad de dormir apoyado contra una cuerda (que estaba atada de una pared al suelo), y así pasar la noche con un techo sobre tu cabeza.

Muchos de estos alojamientos comunitarios tenían mucha humedad, poca ventilación, estaban plagados de insectos, y no tenían las instalaciones sanitarias adecuadas. Entre las consecuencias más comunes de este terrible estilo de vida estaban la desnutrición y las enfermedades, por lo que si acaso la mitad de los niños de Whitechapel lograba vivir hasta después de los 5 años.

Varios de estos “hogares” se encontraban en sitios como Flower Street, Dean Street, Thrawl Street, o Dorset Street, siendo esta última considerada la peor de todas (de hecho, incluso la policía se rehusaba a transitar por esa calle a menos que lo hicieran en al menos grupos de 4 personas).

4. Las mujeres de Whitechapel

Aunque los hombres que vivían en Whitechapel tenían que luchar para conseguir un trabajo, para las mujeres las condiciones laborales eran aún peores. Ya que era tan increíblemente difícil que una mujer encontrara empleo en Whitechapel a finales de 1800, a muchas de ellas no les quedó otra opción que dedicarse a la prostitución para poder asegurar la comida del día.

Durante la época victoriana, alrededor de 1200 prostitutas trabajaban en Whitechapel (aunque algunos expertos consideran que esta cifra pudo haber sido mucho más alta). La vida para estas mujeres era tan complicada que a menudo tenían que venderse por tan solo tres peniques y en los peores casos, por una lonja de pan viejo.

La gran mayoría de ellas eran alcohólicas y a menudo podrías encontrarlas paseando por los bares locales aunque no estuviesen trabajando. Como consecuencia de este estilo de vida, muchas de estas mujeres aparentaban tener 40 años o más aunque solo tuviesen 20. Solían estar hinchadas, enfermas y sin algunos dientes.

Los asesinatos de las prostitutas casi nunca se reportaban, no llegaban al tablón de noticias ni eran motivo de discusión en ningún otro espacio en Londres, por lo que muchas de estas mujeres solían ser atacadas físicamente por sus clientes con total impunidad. Esta fue en parte la razón por la cual Jack El Destripador logró salirse con la suya durante tantos meses antes de convertirse oficialmente en un motivo de preocupación…

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